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Antje Dirksen

Mi nombre es Antje Dircksen, tengo 20 años y, desde julio de 2019, por la gracia de Dios, tengo el privilegio de aportar mi granito de arena a la labor que se realiza aquí en Bolivia.

Gracias a Dios, tuve la oportunidad de crecer en una familia misionera cristiana, por lo que la misión siempre ha formado parte de mi vida. Me convertí a los doce años en casa con mi mamá y, desde entonces, he podido caminar con Dios cada día. Al igual que le sucede a todos, yo también tengo mis altibajos, pero siempre puedo ser consciente de la guía amorosa y soberana de Dios.

Llegué a Bolivia únicamente por la guía de Dios, pues en realidad tenía otros planes. Tenía claro desde hacía mucho tiempo que quería pasar un año en el extranjero después de terminar la preparatoria, aunque hasta junio de 2019 aún no tenía claro a dónde iría.

Inicialmente quería ir a Tailandia a un hogar de niños para ayudar allí; sin embargo, Dios hizo que la organización con la que quería ir ya no obtuviera visas por un año, por lo que tuve que buscar algo nuevo. Gracias a mi papá, me enteré relativamente rápido de los servicios en el extranjero de la AGUM Tras una conversación con el director de la misión a cargo, mi familia y yo nos dimos cuenta muy pronto de que Dios me llamaba a la nueva congregación «Sommerfeld», en la antigua colonia «Sommerfeld» de Bolivia. Después de mucha oración y algo de preparación, finalmente llegué aquí.

Mis tareas en la nueva congregación «Sommerfeld» se centran principalmente en la escuela local, donde tengo el privilegio de dar clase a cuatro grupos, es decir, a 18 alumnas y alumnos. Además, también puedo colaborar en la clase para niños, donde preparo un tema aproximadamente una vez al mes. Por lo demás, canto en el coro de la congregación y dirijo un pequeño grupo de estudio con algunas jovenes y niñas de la comunidad de la zona.

Le doy gracias a Dios por las experiencias y las lecciones que, en mi breve tiempo aquí, ya he podido vivir con Él, y espero con alegría el tiempo que aún está por venir. Realmente vale la pena dedicar un año completo de su vida al servicio de Dios, sin tener que asistir a la escuela ni trabajar al mismo tiempo, porque Dios bendice.

Sé, Señor, que el camino del hombre no está en su poder, que el hombre, cuando camina, no puede dirigir sus pasos.
Jeremías 10:23

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